¿Estrategia a largo plazo?


¿Cuál es el periodo que debe abarcar una estrategia?; ¿tiene sentido mantener planes estratégicos a largo plazo?; y ¿cuánto tiempo es largo plazo?, … .

Frecuentemente nos solemos encontrar con estas preguntas. Y mucho más ahora que la incertidumbre económica (quizás la definición más acertada de la crisis que atravesamos) nos hace cuestionarnos si merece la pena mirar más allá de lo que ven nuestros ojos.

Pues no me voy a andar con rodeos. Creo rotundamente que sí. Que merece la pena mantener el equilibrio corto – largo; y que el largo plazo (salvo contadísimas excepciones) nos lleva a más allá de un año. Y por varias razones:

– La orientación siempre es a largo y la concreción a corto. De hecho, la Visión, entendida como los objetivos de resultado claves a alcanzar como culminación del periodo que abarque el plan estratégico, refleja la estación de llegada. Y la Estrategia el camino a seguir. La Visión es necesaria para dotar de sentido la estrategia, para ayudar a priorizar. Y una Visión a corto sólo nos lleva a una estrategia “miope”, que sólo me ayuda a salvar los baches del camino, sin percibir si nos estamos alejando o no de un destino deseable.

– El logro de un ejercicio económico no tiene sentido sino es en su proyección sobre el siguiente o siguientes. La aspiración de toda empresa es su sostenibilidad y la fijación de objetivos finales a un año es como vivir del pasado, en lugar de construir para el futuro.

– Las soluciones a corto nos libran de los ahogos coyunturales, pero la superación estructural de las dificultades, en la inmensa mayoría de los casos, requerirá de proyectos a largo plazo. Sería absurdo, por lo tanto, no contemplar estos proyectos clave en el ámbito de una proyección estratégica a largo plazo.

– La “excusa” de que el entorno cambia rçapida,mente no es válida. Bueno, sí lo es si entendemos que un plan estratégico es una especie de premonición infalible del futuro. Si entendemos que un plan puede y debe ser concreto, flexible y actualizable, veremos menos pegas al hecho de buscar objetivos a largo plazo

Eso sí. cada vez el largo plazo es menos largo. En nuestra experiencia en el apoyo a decenas de organizaciones en este proceso, nos estamos desenvolviendo en escenarios estratégicos de tres o incluso dos años. ¿Hasta donde proyectar el largo plazo?: hasta allí a partir de donde “imaginar” escenarios futuros sea “ciencia ficción” y/o hasta donde alcancen nuestros proyectos de reposicionamiento estructural.

Y creo que en los tiempos que corren no está de más hacer estas reflexiones. Es ahora cuando toda organización necesita marcarse claramente unos objetivos, una orientación, unas prioridades, … . Cuando todos debemos tener claro cual es nuestro modelo de negocio y como desarrollarlo. Sin dar bandazos pero sin inmovilismo. Con flexibilidad y rigor a un tiempo. Y para ello es preciso desarrollar un proceso de reflexión que cumpla, al menos con las siguientes características:

– Basarse en un diagnóstico dinámico del entrono y la posición de la organización.

– Distinguir claramente entre los objetivos finales y las estrategias intermedias.

– Equilibrar entre el corto y el largo plazo.

– Dotar a la organización de un plan flexible y adaptable a los cambios en el entorno.

Pero ésto empieza a formar parte de otro capítulo… .

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